Las doce en punto
Apertura de enero.
Empiezo el año con sed.
He dejado el remolque aparcado en la plaza de diciembre, y he dado cuerda a mi reloj de cuco hasta las doce en punto. Lo abandonaré a su merced cuando cumpla sus quehaceres, porque grita de placer al romper mis silencios. Solo sirve a sí mismo.
En su lugar pondré un póster de alguna playa, de manera que en vez de recordarme las horas y esclavizar los minutos que faltan hasta la próxima alerta, sea un pasaporte hacia el olvido. Sí, una cálida playa al borde del azul; tranquila, inconsciente de su belleza y con ese puntito imprescindible de sal.